
Un niño mira el horizonte. Desde esta quietud, su voz viaja en un audio breve, cruza el océano para llegar a los oídos de un familiar en Argentina.
Aunque el cuerpo esté aquí, en este rincón del norte, las palabras encuentran el camino de regreso.
El idioma materno actúa como puente: une distancias, acorta el tiempo, sostiene el lazo.
En el azul de esta imagen, lo visible se detiene, pero lo que se dice, sigue en movimiento.